Desde que tengo memoria, me siento más en casa cuando hay un animal cerca: me encanta conocer sus manías, su forma de pedir cariño y esas miradas que lo dicen todo. Vivo en San Juan de Aznalfarache y ofrezco justo lo que a mí me gustaría para mis propios animales: visitas a domicilio con mimos, juegos y cero dramas.
En mis visitas me adapto al carácter de cada peludo: si es de paseos con energía, salimos a estirar las patas; si prefiere calma, le doy compañía tranquila, caricias y un rato de juego suave. También puedo encargarme de su rutina diaria (comida, agua, limpieza básica y un repaso de cómo está) para que mantenga sus hábitos sin sobresaltos. En este último año he aprendido que lo importante no es hacerlo “rápido”, sino hacerlo a su ritmo.
Con los paseos, me gusta que sean algo más que “salir a hacer pipí”: observo cómo camina, si está cómodo, si se entretiene olfateando, y convierto el rato en un momento agradable. Cuando me voy, me aseguro de dejarlo tranquilo, con su espacio como lo conoce, para que la casa siga sintiéndose segura incluso cuando la familia está fuera.